jueves, 14 de abril de 2022

Vacaciones a la sombra de un pino

 Vacaciones a la sombra de un pino

-Preocupaciones-



Estoy preocupado por ti,

por el resultado de tus elecciones.


Usaste un micrófono para

vengar en voz alta lo que el silencio

sabe y calla.


La secreta sociedad de los Lores,

caballeros conspicuos y gentiles

en nobles asambleas de aposentos,

descomponen la hostil temperatura

del candidato a ser última fuerza.


Dijo Nietzsche que todo millonario

es un ser despreciable.

Son buitres, zopilotes

que viven de carroña entre excrementos.

El huésped de ricos esparavanes

se instala en el balcón de los hambreados.


Yo juego a responderle a tu locura,

si es cierto que existiera ese sub lite.


Y tómate unas buenas vacaciones

de la vida real e imaginaria.

Era

inevitable que algo se dijera

o se filtrara

por el hueco de abiertas cerraduras.

Los compromisos son evanescentes.

Deja reposar mi Acuario de Luna,

Epigrama y urdimbre metafórica.


Recuéstate a la sombra de algún pino,

enjuágate la piel con mala letra.


Atrévete al escote;

a purgar los resquicios de la vida,

(esa cruel coyuntura que nos duele

y sin embargo,

es más de lo que sueñan los poetas

con ñoñeces de párvulo cuitado).


¿No tendrías que abrir un sitio con tu nombre?,

¿no tendrías que amar de nuevo el alba?

22

Las cosas por su nombre

 Las cosas por su nombre


Aunque nadie ha descubierto todavía,

que existe un acto férreo en la retórica

que se atreve a sortear crestas y escollos,

flotando al ras de aguas monocordes:


Cada cual con su símil y sus trucos,

con jirones de arcaicas poesías,

avanza igual que un pobre pensionista

del Bed and Breakfast de los capitolios,

creyendo que su obra es francamente

la nueva plataforma del futuro.


Con ideas tan falsas como abstractas

propone un horizonte

y esconde en un bolsón la carabina

dispuesta a fusilar al enemigo.


No te incluye, por suerte, no te incluye.


El foco subversivo frivoliza:

Haya paz, compañeros.


Secuelas de la diáspora del genio.

Perdiciones del santo calendario.

Sonrojos de la orquídea.

Mnemotecnias.

¿Quién puede sospechar el contrabando

de contrastes biformes?

Los muertos en combate son pretérito.

Escuadrones mentados.


Las batallas se libran en presente.

Arengas, polvorines.

Nos quedan derrisiones obsoletas,

resortes conjugables,

ascetismos menguantes de cartel

y un hedor tibio zigzagueando

con que tejer elipsis hiperbólicas,

y ovillar las madejas fugitivas

para poder llamar, nunca o apenas,

las cosas por su nombre.


La guerra: pasión de multitudes

 La guerra: pasión de multitudes



Hay personas que dicen

que mi poesía es desmedida y sencilla,

que debiera seguir el hermetismo,

el verso breve, el silencio oscuro,

la fuga de vocales sugerida.

Otros piden a gritos

la monótona castañuela de la prosa,

el barco a la deriva,

las noches de San Juan,

(piden pan, no les dan…),

piden ripio, la rima consonante,

la eternidad en un cuaderno con espirales.

Bastantes almas hay que dicen

que escribo muy difícil,

que no comprenden las imágenes,

que para qué usar tal o cual palabra

ininteligible, ambigua, confusa,

que afloje con la frula y la retórica.

Las metáforas se les escapan de los dedos,

y me advierten que si insisto en mi imprudencia,

dejarán de leerme,

y no podré vivir del oficio de poeta.

Como si pudiera vivir de él o sin él.

Multitud de gente, también

me acusa de ser un triste moscardón incrédulo,

una ría nigromante,

un obstáculo en el margen de costas litorales;

una fan obsesiva y enfermiza,

me inculpan

de vivir de refilón repartiendo collejas

(Dios sabrá qué significa eso).

Varios aprietan el detonador enquistado

de la tediosa revolución

que vende humo y soborna las pasiones

con sangre de cayena:

braman su lucha a la resistencia del amor,

se escandalizan por nuestra paz perseverante.

Algunas veces,

me han escrito cartitas más bellas que mis letras:

“La lluvia empieza cuando callan tus labios”

“Te debo lo que soy, señora mía”.

”Tu lista de adjetivos me duele a la distancia”

Perforan mi conciencia sus frases trepidantes.

Me enternecen y olvido lo maldito de mi obra.

el castigo que intento con furia a los cobardes,

la lanza abigarrada y descontenta

que horade el corazón con sus demonios

y me siento después, decepcionada y dolida,

como si fuera la joven que para cambiar el mundo

cambia de celular

y compra camisetas del Che

en la feria artesanal de Villa Gesell,

fumando un porro y dando asco.

Entonces, me obligo a recordar

que mi intelectualidad me abruma,

como diagnosticó un crítico de arte,

experto en descolar filípicas,

de los muchos que dialogan con el viento

en un medio prestigioso,

-como gustan llamar a sus tribunas,

escaleras de la camorra

y pactos pestilentes-;

de esos tipos que aclaran la garganta,

se excitan y sentencian que circulo

en bicicleta de una rueda,

con la ilusión de estar viajando en limousine,

con un champagne francés bajo la axila.

Ignoran que los dragones me acechan

y que hambrientos rodean mi castillo,

echando fuego por la boca.

Soy incapaz de andar por los edenes

del jardín de las delicias

deshojando margaritas.

Incapaz de mentir que me gustan los paisajes

con pulcras descripciones.

Incapaz de subirme a las nubes desterradas.

Nula en el arte de hacer pasar gato por liebre.

Les guste o no les guste,

la tragicomedia es esta:

Con el desdén de los fracasados

y la impotencia de los desposeídos,

siento orgullo de mi afonía en la niebla.


Para pelear hacen falta dos,

pero conmigo que no cuenten.




Cosas de genios

 Cosas de genios: (siete- siete- once)




El buen gusto se educa;

el talento se educa.

La genialidad es cosa de pocos.


Descartados y descartables

 Descartados y descartables

A Nosotros, los descartados

A Nosotros, los descartables




El narcisismo encierra

el pensamiento en cuatro paredes

y

no lo deja volar.


La miseria de lo falso

 La miseria de lo falso

-preámbulo improrrogable-



Nuestra Virgen María, la intensidad de ausencias, María de la Tierra, Lucía lucía en ensoñaciones

(de vez en cuando escuchas aquella voz, canta la negra Sosa).

Aquella voz. Esa voz. Mi voz.

Pero esa voz es falsa moneda, moneda falsa.

No existe el artilugio como no existe ella. No existe nuestra infancia, donde dejamos la pobreza estructural rodeada de libros de Tolstoi, María María es un sol, la guerra y la paz, extraña coincidencia la nuestra de Readers digest y Ana-Kareninas.

Muchas personas hallan corriente y fatal la falsificación de la moneda.

Igual de vulgar e inexorable encontramos la imitación de las vidas sin identidades: El mundo paralelo de los que transitan por su heterónimo.

Y ocurre, de vez en cuando, que nos sentimos vaciados por el espectro. Como si el anónimo personaje quisiera ser nosotros mismos, nuestra palabra perfumando con aire el nuevo día. No los desechos que se asientan en la mente al desdoblarse y vernos desde fuera. Nuestra voz corregida por el foniatra de los pájaros. Una palabra de palabras, que pasa en limpio el borrador de nuestras intenciones, afectos y desperfectos. Una lupa que aumenta el signo. Una signatura como asignatura.

El portento es este, para algunos incautos que subliman y tildan de agradable el estereotipo. Porque cuando uno quiere desgajar (desgarrar, desnudar, desvelar, destripar, descular) el desfiladero, advierte sin ir demasiado lejos de su calle que no hay voz sin eco, ni eco sin arquetipo.

Sonámbulos y desprevenidos vamos pactando tristes rutinas para descubrir falsificaciones en nuestras imágenes oníricas.

¿Y qué se nos presenta con el análisis de tales agostos?

Que teníamos falsos billetes en nuestros bolsillos mágicos y que es hora de irlos devolviendo al legítimo dueño: El portador de los detritus de la confianza ciega.

He aquí la verdadera miseria. Nuestra orfandad en una caja de supermercado. La vergüenza de sentir que no somos creídos por no haber sido creados, por carecer de nombre y apellido. El spleen de Paris, la moneda de oro falsa, por ser un simulacro de pensamientos, más o menos afilados, heridos por el trueno de la esencia perturbadora de nuestro mutismo y nuestra infinita crueldad gremial. 




miércoles, 19 de enero de 2022

Descartados y descartables



Descartados y Descartables




Folino, Lucía Angélica

Descartados y descartables/ Lucía Angélica Folino

1ª ed – Avellaneda:

Lucía Angélica Folino, 2022

p. 140 - 15x21 cm

ISBN 978-987-88-3233-3

1. Poesía. I. Título.

CDD A861

Imagen y diseño de tapa: Folino,, Lucía Angélica


Impreso en Argentina


Impresión digital S.R.L. Talcahuano 940 – Florida, Bs As.


Hecho el depósito que marca la ley 11723




Quedan reservados todos los derechos incluidos traducción. Se permite la reproducción total o parcial con autorización del autor.





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